domingo, 24 de octubre de 2010

La Revolución de Mayo y el fútbol en el siglo XIX

Hoy publicamos un escrito más moderno: un pequeño ensayo escrito por un adolescente en 2001. Por supuesto, fue encontrado en los estantes de la Biblioteca de Papeles Perdidos.
22 de mayo de 2001
Ensayo:
La Revolución de Mayo
La Revolución de Mayo instauró el primer gobierno patrio, hace ya casi dos siglos. Nadie sabe si en aquel entonces ya existía la Patria, pero ya había patriotas; y los patriotas querían sacar al virrey y poner un gobernante propio que les fuera adicto. Como ahora, ¡bah!
Todo empezó cuando la fragata Canning, que ahora se llama Scalabrini Ortiz, trajo desde Europa la noticia de que Napoleón había depuesto a Fernando VII, rey de España. Si ya no había rey en España, el virrey no era el "vice" de nadie; era como tener en la escuela un vicedirector sin que hubiese un director. Los patriotas vieron la oportunidad de tener el primer gobierno propio, desplazando a las autoridades impuestas por los españoles y que ya no tenían respaldo. El descontento popular hacia el virrey creció, y el 25 de mayo a la mañana se juntó un montón de gente frente al Cabildo, en la plaza que ahora se llama de Mayo, pero que en ese momento se llamaba Mayor porque la Revolución de Mayo todavía no estaba hecha. (Dicen que la esposa del presidente anterior, la Zulema, quiso ponerle el nombre en vesre, "Plaza de Yoma", pero el dorima no la dejó.) En el medio de la multitud había dos patriotas, Morelli y Berrutti..., no, no, esos eran los de "Función Privada". Ya sé; ya me acordé. French y Berutti repartieron cintas celestes y blancas para que la gente se las ponga en la solapa. Parece que en ese tiempo las escarapelas eran gratis, no como ahora que hay que comprarlas en la librería. El investigador Leónidas Doon dice que French y Berutti repartieron escuditos de Racing, pero no le creo: si querían voltear al "Virrey", seguro que eran dos barrabravas de Boca.
No hay ninguna foto de los hechos pero, según algunos cuadros pintados al óleo, llovía, y la multitud tenía los paraguas abiertos. Algunos historiadores dicen que eso es falso, porque el paraguas aún no estaba inventado. Otros dicen que sí, y que a los paraguas los repartieron gratuitamente unas promotoras que cantaban:

Si su paraguas no es Aguamar
no es impermeable, ya lo verá.

De todos modos, con o sin paraguas, estamos seguros de que llovía, porque se conserva un diario del 24 de mayo de 1810 donde el pronóstico meteorológico anuncia sol radiante para el día siguiente.
Cuando la plaza ya estaba llena, un grupo de patriotas, o un grupo de patotas, no se sabe, comenzó a cantar: ¡El que no salta es un español! ¡El que no salta es un español! El cantito prendió y, por supuesto, nadie se atrevió a quedarse sin saltar. Como la Plaza Mayor era de tierra y estaba lloviendo, se armó un barrial de aquellos. Los más salpicados fueron los miembros de la prestigiosa familia Navarro, vecinos de la villa de San José de Flores. Desde ese día se los conoce como los "Navarro Barros". De todos modos, el lodazal quedó tan bien pisado, que con el barro se fabricaron los ladrillos con los que se construyó la primera Escuela de Varones en la mencionada villa de San José de Flores. Este hecho, que ensució con lodo las ropas de todos los presentes, suele silenciarse, ya que los patriotas tenían fama de ser muy prolijos y limpitos. Eran tan limpios que se reunían en la Jabonería de Vieytes. Algunos historiadores sostienen que no se reunían en lo de Vieytes, sino que sencillamente vivían allí porque estaban todos locos, pero esto es dudoso. La Jabonería de Vieytes fue el lugar desde donde partieron French y Berutti, el 25 de mayo, cargados con las cintitas. Como ya dije, eran gente muy prolija, y habían ido allí a lavar su provisión de divisas celestes y blancas con el jabón de Don Hipólito. El primer lavado de divisas de nuestra historia se realizó, pues, antes aún de tener un gobierno propio.
El historiador José María Rosa y Muñoz afirma que en la Plaza Mayor se disputaban partidos de fútbol, usando como arcos, de un lado, el portón del Fuerte, y del otro, la arcada central del Cabildo. El superclásico entre Húsares y Patricios, a jugarse el domingo 27 de mayo, habría sido suspendido a causa del lamentable estado en que quedó el terreno luego del pisadero. De todos modos, el fútbol sólo se hizo popular cuando fue demolida la Recova, ya que ésta dificultaba mucho el tránsito por el mediocampo. Además, los árbitros nunca cobraban los penales en contra de los equipos más poderosos, arguyendo no haberlos visto porque la Pirámide les obstaculizaba la visión. Al igual que estos árbitros, los patriotas habrían sido gente muy distraída. Se dice que el 22 de mayo se fueron a dormir dejando el Cabildo Abierto. Si no fuera por el sereno, se habrían afanado hasta las cucharitas. Pero volvamos a los hechos del 25 de mayo de 1810; si quiere saber más sobre el fútbol en la primera mitad del siglo XIX, vea las notas al final de este texto.
Luego de cansarse de saltar en el barro, el siguiente cantito entonado por la multitud fue el conocido ¡El pueblo quiere saber de que se trata! Pocos lo corearon, quizás debido a la falta de ritmo de esta frase apenas apta para ser cantada, o quizás debido al lamentable dequeísmo que contiene. Pero lo importante es que, 191 años después, la pregunta sigue sin ser respondida. ¿De qué se trata? O, sin dequeísmos: ¿Qué se trata? ¿Eh, presi?
El virrey se llamaba Baltasar Hidalgo de Cisneros, pero no era negro como el rey mago. Empilchaba unos modelitos adornados con oro y plata que reíte de Armani y Versace, y se peinaba como George Harrison en la década de 1960. Finalmente fue destituido y reemplazado por una junta de gobierno. Se la llamó Primera Junta, ignorando que jamás habría una segunda. Estaba formada por nueve vecinos ilustres. Se nota que estaban acomodados, porque todos tenían nombres de calles: Paso, Moreno, Castelli, Matheu, Azcuénaga, Larrea, Alberti y Belgrano, presididos por Cornelio Saavedra. Salieron al balcón del Cabildo a saludar a la multitud, que los recibió al grito de: ¡La vida por Saavedra, la vida por Saavedra! Agrandado ante el fervor popular, Saavedra levantó los brazos y dictó su primer decreto: ¡Mañana es San Cornelio! (En la actualidad, la Asociación de Maridos Argentinos mantiene un pleito ante la Corte Suprema de Justicia reclamando el 26 de mayo como feriado laboral.)
A continuación, Mariano Moreno propuso cantar el himno, pero su propuesta no pudo realizarse. Existen tres posibles explicaciones para este fracaso. La primera es que Saavedra se opuso sólo por llevarle la contra a Moreno. La segunda dice que el Himno Nacional aún no había sido compuesto por Vicente López, aunque ya lo tenía en sus Planes. La tercera afirma que, como la escuela todavía no había sido inventada por Sarmiento, nadie se sabía la letra. Esta última teoría es muy dudosa. Hoy en día sabemos que para que una multitud cante el himno sólo hace falta que dos o tres personas conozcan la letra; los demás meramente tienen que balbucear siguiendo el ritmo y haciendo mímica con los labios. El acto finalizó cuando el primer caudillo político pasó gritando: ¡En los Corrales de Miserere hay vino y empanadas gratis! La multitud salió al galope por la Calle de las Torres luego de apedrear el frente de la pulpería de George Mac Donalds.
A la tarde se realizó la primera reunión de la Junta. En ella, Moreno y Saavedra se pusieron de acuerdo por primera y última vez: Si el pueblo se manifestara descontento con la obra de la Junta, se le echaría la culpa al gobierno anterior, al virrey Cisneros.
Y así empezó nuestra historia. El primer logro de Saavedra fue ampliar el número de miembros de la Junta de Gobierno para tener la mayoría a su favor. Así terminó la Primera Junta y se formó la Junta Automática. Perdón, quiero decir la Junta Grande.

Notas sobre el fútbol en la primera mitad del siglo XIX:
LA RECOVA
Hemos dicho que la Recova, que dividía en dos la Plaza Mayor, única cancha de Buenos Aires, dificultaba el traslado de la pelota por el medio campo. Pero había un jugador en el equipo del "Fortín del Oeste" que era capaz de sacar provecho de esta molesta construcción. Don Benito Preciado de Gambas y Cabeza, tal era su nombre, poseía la habilidad de entrar a la Recova por una de las arcadas de la izquierda y salir al otro lado por una de las arcadas de la derecha, desorientando así a la defensa rival. Esta característica le ganó el apodo de "Fantasma Benito".
Hubo otro deportista que exhibió esta característica: Don Gustavo Jarros Quinoto, jugador del equipo "Ignacia del Plata". Pero pronto se descubrió que hacía trampa. Gustavo ingresaba a la Recova por el lado izquierdo, pero quien salía por el lado derecho era su hermano mellizo, Don Guillermo Jarros Quinoto, que previamente se ocultaba allí junto con una pelota adicional. Cuando las circunstancias del juego lo permitían, Guillermo reingresaba a la Recova y Gustavo volvía a salir por el lado opuesto. La triquiñuela fue descubierta el día que expulsaron a Gustavo por salivar en el suelo. Guillermo consideró que era inútil permanecer más tiempo oculto en la Recova y salió del campo de juego junto con su hermano. El equipo "Ignacia del Plata" fue condenado a pagar una abultada multa y quedó al borde de la quiebra. Para conseguir fondos y zafar de la situación, decidieron cambiar su nombre a "Ignacia Intima por Plata".
Otro problema de la Recova era la "Barra de las Invasiones Inglesas". Dicha barra estaba formada por veteranos de guerra que habían participado de la defensa de Buenos Aires durante la Segunda Invasión. Luego de tomar posición sobre el techo de la Recova, arrojaban aceite hirviendo al paso del árbitro. Durante un partido entre los "Diablos Mazorqueros" y la "Academia de Platón", se probó una posible solución: Un asistente estratégicamente ubicado mantenía bajo observación el techo de la Recova y, cuando había peligro, advertía de ello al árbitro mediante un intercomunicador. El ensayo fracasó, ya que el intercomunicador, máxima tecnología de la época, consistía en dos latas unidas por un piolín, piolín que se enredaba en las piernas de los jugadores.

HALLAZGO ARQUEOLÓGICO
Hace unos años se descubrió un antiguo túnel subterráneo que unía la Manzana de las Luces con las cercanías del Fuerte. Inicialmente se lo consideró un túnel de contrabandistas, pero diversos objetos encontrados en su interior revelaron la verdad. Los arqueólogos encontraron un primitivo inflador de caña, una manito de porcelana roja haciendo los cuernos, restos de una cámara inflable hecha con la vejiga de un guanaco, largas tiras de pergamino a modo de serpentina, y un par de medias con la palabra Potente primorosamente bordada. Con estos hallazgos cobró fuerza la teoría de que el túnel en realidad unía la Plaza Mayor con los vestuarios ubicados en los sótanos de la Iglesia de San Ignacio. Que los vestuarios estuviesen ubicados debajo de un templo fue cuestionado y tildado de ilógico. Sin embargo, su utilidad práctica se hace evidente si se piensa en el equipo perdedor. Los derrotados de turno, luego de bañarse, sólo tenían que subir una corta escalera para ir a llorar a la iglesia. Los vencedores también podían sacar provecho, usufructuando la excelente acústica de San Ignacio para dar conferencias de prensa desde los púlpitos.
Digresión: Se dice que en el sótano de al lado había un orificio en la pared que permitía atisbar el interior de los vestuarios. Las damas de sociedad se habrían reunido allí en más de una oportunidad para observar en secreto a "Zanahoria" Mc Allister, un futbolista irlandés apodado así por el tamañ... ¡por el color del pelo!

ALGUNOS FUTBOLISTAS
Muy pocos datos quedan acerca de los futbolistas de aquellos días. Se sabe que los equipos tenían 12 jugadores cada uno. El más célebre y habilidoso -Armando La Madonna- jugaba con el número 12. Cuando se retiró de la práctica activa, en homenaje a su trayectoria, y para resaltar su carácter de único, se prohibió el uso del número 12. Los equipos empezaron a jugar con 11, costumbre que sigue hasta hoy. (La única excepción es el River de las décadas de 1960 y 1970, que jugaba con Más de 11.)
Giusseppe Troncoso, oriundo de Palermo, Sicilia, se hizo famoso por mandar la pelota adentro del Fuerte haciéndola pasar por encima de la muralla. Hizo lo mismo tres veces en un partido al ejecutar sendos penales. Entró al Libro Quilmes de los Records, y desde entonces se lo conoció como "Fortín Palermo".
Don Adrián Paenza, marcador de punta izquierdo de "Los Pitagóricos", no lucía por su juego, pero era muy notorio por el número de su casaca: 3,1415926.
El Gral. José María Paz jugaba como líbero en Tiro Unitario, un equipo provinciano de Santa Fe. Tiro Unitario nunca fue vencido por equipos de la Ciudad de Buenos Aires, pues los porteños jamás pasaban más allá del Gral. Paz.
Como las metas no eran arcos sino los portones del fuerte y del Cabildo, a los arqueros se los llamaba porteros. El mejor portero de la vieja escuela era Manuel Dorrego. Mantuvo su portón invicto durante tres años, hasta que el centreforward Juan Lavalle agarró de volea un centro a baja altura y pateó a quemarropa con alma y vida. Lo fusiló.

LA REGLA DEL OFF-SIDE
En los comienzos del fútbol en estos pagos, la ley del off-side no existía. Se la instauró ca. 1808. El primer off-side en la Plaza Mayor se lo cobraron a Don Pedro de Mendoza, quien recibió así el título de Primer Adelantado del Río de la Plata. La puesta en vigencia de esta norma, la ley del off-side, rápidamente obligó a auxiliar la tarea del árbitro dotándolo de dos ayudantes que, ubicados a los costados del terreno, pudiesen apreciar mejor la posición de los futbolistas. En Chile se ensayó durante un tiempo un raro artilugio. Usando un arado se trazaron surcos rectos en el terreno de juego, paralelos a la línea de fondo y equidistantes un metro entre sí. Esta suerte de "renglones", o primitivo "Telebeam", permitía distinguir muy fácilmente si un delantero estaba o no en off-side, pero en una cancha llena de surcos cada tiro de rastrón y cada pique era una lotería impredecible. Los "Granaderos de Carballo", en su gira sudamericana, disputaron un encuentro en uno de estos campos chilenos con "rayas". Claramente perjudicados por la trayectoria errática de la pelota, fueron vencidos en lo que ha pasado a la historia como la Derrota de Cancha Rayada.

COMENTARISTAS
Sin radio y sin televisión, no había relatores deportivos y sólo dos o tres periodistas. Por el contrario, había varias decenas de comentaristas, que hallaban el ámbito propicio para ejercer su afición en las proverbiales tertulias de Buenos Aires. Generalmente, el fútbol era considerado un tema de conversación menor, pero no en las famosas tertulias de Mariquita Sánchez de Thompson, hermana del árbitro Ángel Sánchez Sigasiga. En los salones de Doña Mariquita descollaban los mejores comentaristas: el marqués de Macaya, Inodoro Walter Clos, Dante Panzeri Yaniello ( o Aiello), y el portugués Fernando Membro Flácido. El Gral. José de San Martín, hijo de la gorda Matorras, era asiduo asistente a esta tertulia. Era hincha de Talleres de Remedios de Escalada y apreciaba en grado sumo la labor de los comentaristas. Las tácticas de combate que el padre de la patria aplicó en Chacabuco y Maipú estaban basadas en los análisis posicionales del marqués de Macaya. Otro militar influenciado por los comentaristas de fútbol fue el Gral. Manuel Belgrano, quien atribuyó las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma a que en el Alto Perú los cañonazos no doblan.

SOBRE "FAIR PLAY" Y LAS SANCIONES
El fútbol no era el deporte más popular. La mayoría de la gente prefería el pato, deporte que tenía dos ventajas: a) La pelota se podía comer. b) Los que tenían que correr eran los caballos. En el fútbol no había campeonatos, ni torneos, ni copas. El propósito de un partido no era otro mas que triunfar en ese partido. No había lugar para especulaciones del tipo "Ya salimos campeones. No perdemos nada si nos dejamos ganar en el último partido, pero ellos se salvan del descenso y el año que viene nos deberán un favor." o "Si ganamos nosotros, clasificamos y los dejamos afuera a ustedes. Si ganan ustedes, nos dejan afuera a nosotros. Si empatamos, clasificamos los dos. ¿Firmamos el 0 a 0 antes de salir al terreno?"Se jugaba de igual a igual y muy derechamente. La caballerosidad era casi un instinto, una reacción automática. Aprovechando esto, uno de los recursos que tenían los wings era pedir permiso. Si sus marcadores estaban distraídos, lo más probable era que los dejaran pasar haciendo una breve reverencia.
Sin demérito para la caballerosidad, el fervor del juego a veces llevaba a los futbolistas a emitir imprecaciones, aunque siempre en voz muy baja. Tan bajo era el tono de voz, que tenemos noticias de ésto sólo gracias al sordo Toscanini, que vendía ballenitas en la Recova y nunca pudo ser desalojado. El sordo Toscanini, experto en lectura de labios, paradójicamente era el único que "escuchaba". Anotó cuatro frases predilectas: a) ¡La roncha de tu sable! b) ¡La gran fruta que se partió! c) ¡Más fruta será tu banana! d) ¡Higo de mil grutas! Toscanini advierte que los signos de exclamación de las frases precedentes son una conjetura suya, ya que no pueden apreciarse en una lectura de labios.
Casi no había expulsiones. Cuando tomaban esta extrema decisión, los árbitros señalaban al sancionado con una tarjeta celeste, ya que al Restaurador le caía muy mal que se usase la divisa punzó para este propósito. No existía un tribunal de disciplina. Los expulsados debían pasar por la Catedral y confesar sus infracciones ante el obispo Castrilli. Las sanciones variaron desde los 5 padrenuestros que recibió el wing inglés William Chéspir por hacer teatro, hasta los 500 rosarios que le sacudieron a Don Lope de Aguirre y Suárez por salir a jugar con espuelas. Generalmente los sancionados aceptaban sus castigos sin chistar. Se tienen noticias de sólo un acto de rebeldía. Don Reynaldo de Merlo y Mostacilla, que recibió una sanción de 50 avemarías por patear una gallina que se introdujo en el campo de juego, apeló ante la Santa Sede alegando que el infortunado bípedo carecía de alma y libre albedrío, por lo que patearlo no constituía una falta. Extraña esta actitud de Don Reynaldo, que era un reconocido filósofo. (Se conserva una estatua suya en la Academia de Platón.) También fue consejero y asistente de Juan José Paso. Es famosa su frase abriendo camino para el secretario de la Primera Junta: -¡Ábranle paso a Paso!

LAS HINCHADAS
Salvo la mencionada Barra de las Invasiones Inglesas, las hinchadas eran muy pacíficas. Se limitaban a cantar para alentar a sus preferidos. Sus cánticos seguían el ritmo de la música dominante en la época, el minué, lo que obligaba a que las letras fuesen muy galantes. No obstante, el surgimiento de futbolistas con nombres tales como Juan de Ayolas, Pedro de Albacete, José María Angulo o Gabriel Tomás Cicuta, del árbitro Arturo Ytuzadre y del equipo Defensores del Aconquija, propició la aparición de rimas chuscas, provocadoras y maldicientes. Sin embargo, la sangre no llegó al río, a pesar de que al río lo tenían ahí nomás, al otro lado del Fuerte. La policía actuó sólo una vez entre los espectadores de un partido de fútbol, y fue para capturar al adolescente Jaimito Serratea que había escapado de los dormitorios del Colegio San Carlos.
El primer enfrentamiento violento entre hinchadas rivales surgió a raíz de una equivocación. El comandante del Fuerte de la Banda, Don Álvar Núñez Cabeza de Chorlito, observó que entre sus subordinados había algunos aficionados habilidosos, como Alonso Granbeto, Don Oscar Más de la Cuenta, y un exquisito jugador mexicano de fina gambeta del que sólo nos ha llegado su apodo: "Chamaco Rodríguez". Ni corto ni perezoso, don Álvar creó un nuevo equipo: "Los Gallos de Núñez". Para su primera presentación en la Plaza Mayor, salieron de su fuerte ubicado en Quilmes, y se encaminaron hacia la ribera sur del Riachuelo. En la ribera norte estaba el fuerte comandado por el abuelo de Julio A. Roca, Don Junio Roca. Este fuerte también tenía su equipo: "Roca Junios". Los centinelas apostados en los mangrullos observaron la llegada de los Gallos de Núñez ataviados con plumas y los confundieron con una avanzada del cacique Coliqueo. Creyéndolo su deber, los partidarios de Roca Junios tomaron las armas y cruzaron el Riachuelo dispuestos a repeler la incursión. Se desconoce el resultado final de la escaramuza subsiguiente.

LA DURACIÓN DEL PARTIDO
La única forma de medir el tiempo de juego eran las campanadas de la cercana Iglesia del Santísimo Rosario, que sonaban cada hora. Por este motivo, se jugaban dos tiempos de 60 minutos exactos, sin descuentos. El intervalo también duraba una hora. Debido al uso futbolístico de su campanario, el templo del Santísimo Rosario es popularmente conocido como "Santo Domingo".
Este campanario fue protagonista de un hecho violento que marcó el fin del "fair play" y el comienzo del fútbol como lo conocemos hoy en día. Sucedió que el equipo de Chacrita de los Colegiales, luego de ir perdiendo por 3 a 0, había remontado el marcador y estaba empatando 3 a 3 con Atlántida. Su claro predominio en el juego podía llevarlo al triunfo, pero casi no quedaba tiempo para hacer otro gol. La hinchada de Chacrita, entonces, atacó la torre de Santo Domingo a cañonazos para impedir que sonase la inexorable campanada final. En la actualidad todavía pueden verse las balas de cañón incrustadas en el campanario.

MEDIDA ABSURDA
El Director Supremo, Julio Grondona Ávila, prohibió la difusión pública del resultado del partido antes de la medianoche del domingo. Se hizo habitual entonces que los serenos vocearan frases tales como: Las 12 han dado y Tiro Unitario le ganó a Convento de San Lorenzo por 2 a 0.

DATOS CURIOSOS
Los jugadores no cambiaban de equipo. Fue imposible comprarlos o venderlos desde que la Asamblea del año XIII abolió la esclavitud.
Durante el gobierno de Viamonte, un portero maravilla atajó un penal sentado en una...
Lector: -¡Basta, plis! ¡La hora, referí!
Autor: -Muy bien, de acuerdo Sr. Lector. La corto acá.

Iván Armando Lío
9º EGB

martes, 14 de septiembre de 2010

Invierno

Vamos a completar las "Cuatro Estaciones" (perdón Vivaldi y Piazzolla) con la cuarta pieza: El invierno. A los lectores que demuestren haber leído hasta el final, la Biblioteca de Papeles Perdidos les otorgará un Certificado Oficial de Masoquista firmado por la esposa de Mauro Viale. Quienes crean estar acreditados para recibir tal certificado, pueden pasar a retirarlo por la sede de la Biblioteca, sita en la esquina de Calcena y Yerbal.

Hoy es jueves 21 de junio de 1968
COMPOSICIÓN
Tema: El invierno
El invierno es la estación más fea del año. Empieza el día que los chicos grandes de la otra cuadra hacen la fogata de San Juan en Gavilán y la vía, y termina el día que mi mamá guarda las frazadas en el ropero con mucha naftalina. En el invierno los árboles están sin hojas y son más fáciles de dibujar porque las ramas son como un racimo de palitos. A los paraísos les quedan solamente los venenitos. El sol sale muy tarde (es casi de noche cuando entramos a la escuela) y se pone muy temprano. Como hay menos horas de sol, en el invierno hace mucho frío y todos venimos a la escuela con sobretodo y bufanda. También nos ponemos pulóver y camiseta de banlon de mangas largas. Hasta corbata de lana hay que ponerse. Los de séptimo tienen suerte, porque usan pantalones largos. Los más chicos usamos pantalones cortos y se nos enfrían las piernas. Nos tenemos que arreglar con las medias tres cuartos bien subidas hasta arriba de la rodilla. En el verano hay que usar ropa de colores claros que te mantienen fresquito, pero en el invierno es al revés; hay que usar ropa de colores oscuros, que absorben el calor del sol. Tendríamos que usar guardapolvo negro, o por lo menos marrón, como Peralta. (Le voy a preguntar al negro Donoso si tiene menos frío.) Hace tanto frío que a los animales, que siempre andan desnudos, en invierno los abrigan. El lechero y el sifonero le ponen frazadas a los caballos, y a los perros chiquitos les ponen pulóver. También llueve mucho y la lluvia dura varios días seguidos, pero a la escuela hay que venir igual, como hizo Sarmiento ese día de tormenta que fue a la escuela él solo. Me parece que Sarmiento era un mentiroso. Él era sanjuanino y en San Juan no llueve nunca, casi como en el desierto. Para hacer llover en San Juan hay que llevar la máquina del Ingeniero Baigorri Velar. Para mí que cayeron cuatro gotas locas y Sarmiento lo agrandó para hacerse el prócer. Debe haber ido él solo al colegio porque se equivocó de día; por ahí era sábado o el Día del Maestro. Tendría que haber mentido mejor e inventarse un terremoto, que en San Juan no hay diluvios pero terremotos sí. Claro que el cuento de que Sarmiento iba al colegio en los días de terremoto no serviría para hacernos venir a la escuela cuando llueve. ¿O sí? A ver: -Danielito, Sarmiento iba a la escuela esquivando los escombros, saltando las grietas y vadeando arroyos de lava y vos no querés ir porque llueve. Ponete la capa y las galochas y andá. ¡Habrase visto! ¡Y no pises las baldosas flojas!
En la escuela no hay estufas pero, a mitad de la mañana, nos juntamos todos en el salón de actos para tomar algo caliente. En los días más fríos parece que estuviéramos fumando, porque nos sale humo de la boca. Cuando ya estamos todos, nos dan un mate cocido con leche que la señora de la cocina trae en una zorra, que es un carrito lleno de agujeros donde están metidos los vasos. Nunca hay que decir "¡Ahí viene la zorra!" porque zorra es el carrito, no la señora que los trae. También nos dan facturas, que seguro deben ser de la panadería del padre de Castaño.
La parte más linda del invierno son las vacaciones de invierno. Después del 9 de julio hay dos semanas enteras que no venimos a la escuela. Aunque el año pasado no fueron nada lindas, porque la maestra nos hizo comprar un cuaderno de 24 hojas para llenárnoslo de deberes. Nos dejó como 20 cuentas de dividir con coma. Más de dos por día no se puede hacer, así que nos pasamos las vacaciones escribiendo en el cuaderno, todos menos el bocho Leiter que las hizo en un recreo. Las vacaciones son vacaciones; no nos tendrían que dar deberes. A mi papá nunca le dan trabajo para que lo haga en casa cuando está de vacaciones. Bueno, él trabaja en la Morgue Judicial, pero igual..., no hay derecho...Invierno es un nombre mal puesto, porque se parece a la palabra infierno que es todo lo contrario: hay fuego por todos lados y hace un calor de morirse. ¿Qué pasará en el infierno cuando es invierno? ¿Hará frío también ahí? ¿O será como en el Sahara que hace calor igual? Tal vez algún día vaya y me entere. Ojalá que no, pero para no ir al infierno hay que cumplir con los 10 mandamientos. Yo trato, pero hay uno que no entiendo y el cura no me lo quiere explicar. Es el sexto mandamiento. ¿Qué significa fornicar? En el diccionario dice: Tener ayuntamiento carnal fuera del matrimonio. Y "ayuntamiento" es el edificio del gobierno donde va Batman a buscar al Comisionado y al Jefe O'Hara. ¿Qué será un ayuntamiento de carne y qué tiene que ver con el matrimonio? No entiendo nada y para cumplir con ese mandamiento tengo que saber qué dice. Por ahí yo fornico sin saber qué es, y me voy a ir al infierno por culpa del cura que no me explica. Un día voy a confesar que forniqué para ver que pasa.
La palabra invierno, como otoño, es una palabra difícil para hacer versos, porque tiene pocas rimas. Yo conozco sólo tres: infierno, gobierno y tierno. Para colmo mi papá dice que infierno y gobierno son la misma cosa. A ver si me sale un versito:

Anoche en televisión,
un ministro del gobierno,
poniendo cara de tierno
y tal vez guiñando un ojo,
anunció, sin un sonrojo:
"Hay que pasar el invierno".

La verdad, esto no pasó anoche sino hace mucho, cuando yo era muy chico, pero me lo contaron cuando yo le pregunté a mi papá por qué, cuando el ministro Adalbert Krieger Vasena aparece en la televisión, él dice "Hay que pasar el invierno" y cambia de canal. Adalbert es un nombre raro. Seguro que se llamaba Adalberto y se sacó la "o" para que no le hicieran cantitos con "mamerto" cuando iba a la escuela. Cuando el otro ministro, que se llamaba Alsogaray (que en inglés quiere decir Además Garay) dijo "Hay que pasar el invierno" no quería decir el invierno de verdad sino que estaba haciendo una metáfora, como cuando le decimos cafetera al micro que nos lleva a DAOM. Me parece que, el primer día de clases, el director tendría que decir un discurso y terminarlo con "Hay que pasar el otoño, el invierno y la primavera", para hacer una metáfora de "Aguántense la escuela que ya llegarán las vacaciones".
El invierno es una época fría, de noches largas y días cortos, grises, lluviosos, con deberes en las vacaciones y vientito frío colándose por abajo del pantalón. Un asco. Sin embargo, cuando uno está abrigado y calentito, tomando Vascolet con scones, mirando por la ventana que chorrea gotitas por el lado de afuera, algo tiene de agradable. Hay animales que invernan, se meten en una cueva y duermen tres meses seguidos. No saben lo que se pierden.
Federico

Otoño

Hoy es miércoles 22 de marzo de 1967
Composición
Tema: El Otoño
El otoño es la estación en la que empiezan las clases. Comienza el día que mi mamá me prueba el guardapolvo del año pasado para ver si todavía me entra, y termina el día que los chicos grandes de la otra cuadra hacen la fogata de San Juan en Gavilán y la vía. A veces hacen una fogata tan grande que la calle se queda a oscuras porque queman los cables de la luz.
En el otoño las hojas de los árboles se secan y se caen. Los árboles se ponen de color marrón. En una poesía leí que se visten de mil tonos de ocres y marrones, pero en el cuaderno yo siempre los dibujo de un solo marrón. ¿De dónde saco una caja de pinturitas con mil marrones? ¿Qué es el color ocre? En realidad no todos los árboles se ponen marrones. En la calle Bogotá, frente a la casa de Crescente, hay una casa que tiene dos pinos que están siempre verdes. Pero por más que la maestra lo diga, eso que tienen los pinos no son hojas. Hojas, lo que se dice hojas, son las de los plátanos. Cuando se caen tapan toda la vereda y a mí me gusta correr pateando las hojas por el ruido que hacen.
El tío Alfredo, que es pelado, dice que él es así porque ya lo agarró el otoño de la vida y se le están secando y cayendo los pelos. Yo le digo que haga como Silvio Soldán, el animador de "El Special", que los junta y se los pega con plasticola. A mi abuelo Ricardo el pelo se le puso blanco pero no se le cayó, aunque dice que se le cayó otra cosa que ya no se levanta más. No sé que será.
Si todo se cae en el otoño, tal vez se le caiga el palito a la eñe y quede en otono. Otono sería mejor, porque otoño casi no tiene palabras que rimen para hacer versos. Yo nada más conozco moño y el nombre de una calle de Caballito, Nicasio Oroño, pero el nombre de una calle no sirve para hacer versos. También hay otra palabra pero no sé que significa. Se la escuché al verdulero, que es uno de esos gallegos que hablan raro. Un día le oí decirle todo enojado a la verdulera que trabaja con él: ¡Pues métetelo en el coño, mujé! A ver si me sale alguna poesía con la palabra otoño.

Te he preparado un regalo
y lo adorné con un moño.
No se cae ni en otoño
y te dará una sorpresa.
Si no te gusta, Teresa,
pues métetelo en el coño.

No todo se pone viejo en el otoño. En la televisión empiezan los programas nuevos. En el verano siempre dan los capítulos viejos repetidos, pero en el otoño llegan los capítulos nuevos de Mr. Ed, Viaje al Fondo del Mar, Hechizada, Batman, El Gran Chaparral, Flipper y Rin Tin Tin. Mi papá dice que Mr. Ed es como el presidente: un caballo que habla.
En el otoño empieza a hacer frío, como preparándose para el invierno. En abril usamos pulóveres abajo del guardapolvo y medias tres cuartos hasta la rodilla, y en mayo ya venimos a la escuela con los sobretodos con olor a naftalina. El 25 de mayo, en la fiesta, siempre nos dan un chocolate con leche bien caliente. El que no tiene frío, y está siempre desnudo en el patio, es el Pensador de Rodin. Debe ser uno de esos que piensa con el culo y no con la cabeza, como dice mi papá, y por eso está sin pantalones. De todos modos, en el recreo, Iglesias y Sarmiento a veces le ponen una bufanda cuando nadie está mirando, lo que me parece bien. Lo que está mal es ponerle boina al busto de Urquiza o dibujarles los pitos a las vicuñas de los cuadros. Si tienen pito deben ser vicuños, que casi rima con otoño.
Yo estoy todavía en la primavera de la vida, pero ya me va a agarrar el otoño, como al tío Alfredo. Cuando llegue espero ser como un cuaderno Rivadavia, que nunca se le caen las hojas, no se amarillea, siempre tiene las tapas duras, y no se borronea ni se le hacen agujeros.
Ricardito

Verano

La Biblioteca de Papeles Perdidos se mudó a Calcena y Yerbal. Estuve ayudando en el transporte de incunables y encontré otra composición de 1967.

Hoy es jueves 7 de diciembre de 1967
Composición
Tema: El verano
El verano es la estación sin escuela. Empieza el día que mi papá lo inaugura con una picadita en el balcón, el día que él toma cerveza. Termina el día que mi mamá se fija si todavía me entra el guardapolvo del año pasado.
En el verano los días son más largos y las noches más cortas. Esto pasa porque la Tierra está torcida. La maestra lo explicó el otro día aunque yo no entendí bien. Pero hay más horas de sol y los rayos solares son más verticales, por eso hace mucho calor y transpiramos tanto. Es importante bañarse sin olvidarse ningún día, y refregarse bien las axilas.
El único lugar fresco en el verano está en la calle Bacacay, en la cuadra del Hogar de las monjas. El Hogar de las monjas es una casa grandísima y misteriosa. No se sabe bien qué hacen ahí adentro. En la esquina venden pianos, pero no creo que las monjas fabriquen pianos. En una pared tiene escrito VOTE ILLIA con letras más altas que yo. Illia debe ser el amigo de Napoleón Solo, el agente de CIPOL. Bueno, en el verano esa es la única cuadra fresca porque en las dos veredas hay plátanos muy altos que dan mucha sombra. Cuando mi mamá me manda a hacer las compras a la Casa Tía siempre voy por ahí.
En el verano vienen Papá Noel y los Reyes Magos. Sarmiento dice que son los padres, pero no me dijo los padres de quién. Pero si les compran juguetes a todos, deben ser los padres de Anchorena o algún otro con mucha plata.
En el verano pasado nos fuimos de vacaciones a Chapad-Malal. Es cerca de donde a veces va el presidente, que antes era un viejito de pelo blanco pero ahora es un general con cara seria y unos bigotes que parecen el escobillón de Peralta. En Chapad-Malal fuimos a la playa. Nos bañamos en el mar, pero no hay que meterse mucho, porque el bañero se enoja y sopla un pito como cobrando orsai. Un día el bañero no dejaba entrar a nadie al mar, porque había aguas vivas, que son unos bichos que si tocan a alguien, dejan una roncha que pica toda la semana.
A Chapad-Malal fuimos en enero, durante el signo de Capricornio, pero ese no era el mar de Capricornio sino el Océano Atlántico. Se llama así porque tiene hundida la Atlántida, que es lo que se traga los aviones y los barcos en el Triángulo de las Bermudas, dice el tío Roberto. Mi papá se enoja y dice que mi tío es un charlatán de feria. En la feria hay carniceros, verduleros, polleros, etc... (Esta palabra con puntitos la aprendí ayer.) Pero nunca vi un charlatán. Las que van a charlatanear son las mujeres.
En la playa también buscamos caracoles, que tienen guardado el ruido del mar, y uno se los puede llevar lejos y cuando se pone el caracol en la oreja se escucha el ruido de las olas.
En la playa los hombres grandes también usan pantalones cortos. Las mujeres usan mallas y bikinis. Nadie se pone calzoncillo o bombacha. Un día un chico me dijo que las olas le arrancan el corpiño de la bikini a las mujeres y estuvimos como una hora esperando que arranque alguno. Debe ser mentira porque no vimos ninguna mujer sin corpiño. En la playa hay que ponerse bronceador, porque si no el sol te quema. Un día entré a la habitación de mamá y papá a buscar el bronceador. Arriba de la mesita de luz había una latita que decía velo rosado. Cuando les pregunté qué era, casi me pegan por mirar lo que no debo.
A la noche, la luna atrae el mar y el agua sube y tapa toda la playa. También hace bastante frío. A mí me compraron un pulóver de Mar del Plata que tiene tres colores y está lleno de dibujitos. Debe haberlo hecho Paula Albarracín en el telar.
La playa y el mar son muy lindos, pero llegó el día en que tuvimos que volver porque mi papá tenía que ir a trabajar. El viaje de vuelta en micro fue mucho más largo y aburrido que el de ida. Trajimos un montón de alfajores para los parientes.
Hay muchos veranos: Verano del 42, Verano Porteño, Verano en Alta Tensión, Verano con los Campanelli, pero yo siempre voy a querer más al Verano del 67, porque fue la primera vez que vi salir el sol en el horizonte.
Ricardito

Primavera

Investigando en la Biblioteca de Papeles Perdidos, sita en la esquina de Bacacay y Aranguren, he encontrado un cuaderno "Lanceros Argentinos de 1910" con varias composiciones del año 1967. Hemos elegido una para compartirla con ustedes. Expertos en la materia dicen que el cuaderno es auténtico, y que está manuscrito con una lapicera Scheaffer Punto Blanco con cartuchos de tinta color azul-negro fijo. Sin embargo, hay varios indicios de que se trata de una falsificación. La pista más obvia acerca de su falsedad es la insólita longitud de este escrito, ya que las composiciones suelen ser mucho más breves. Juzguen ustedes:

Hoy es jueves 21 de septiembre de 1967
COMPOSICIÓN
Tema: La primavera
La primavera es la estación más linda del año. Empieza el día que mi mamá guarda las frazadas en el ropero y les pone naftalina. Termina el día que mi papá nos saca al balcón a comer una picadita de queso Magnasco, papafritas, viandada, coca cola para mis hermanas y yo, y cerveza para él. (Le robé un poco a escondidas. No sé como puede tomar esa porquería.) En la primavera se terminan las clases y vuelvo a casa con el boletín llenito. Sólo le falta una firma, en el último casillero del "Padre, tutor, o encargado". Siempre firma mi papá, pero cuando me pongan una mala nota se lo voy a dar a firmar a don Lorenzo, el portero del edificio, porque leí en un cartel que tiene en la puerta que él es el "Encargado".
En la primavera le salen flores a los paraísos de mi cuadra, unas flores chiquitas de color violeta. Yo las puedo agarrar desde el balcón. A los paraísos también le salen los venenitos. Son redondos y arrugados, como pasas de uva pero de color marrón claro. ¿Serán venenosos?
En la primavera a mi mamá le da la alergia, que no es lo mismo que la alegría, que es una planta que tiene en una maceta. Le salen ronchas en la cara. Dice que es por las pelotitas de los plátanos que hay en la vereda de Obras Sanitarias, en la otra cuadra. Un día llevé dos a casa y me gritó que sé yo cuantas barbaridades. En Obras Sanitarias hay un pararrayos que se ve desde la ventana del lavadero. Al pararrayos lo inventó Franklin. (Me parece que también inventó el inodoro de la casa de mi abuela.) En la primavera siempre se le para en la punta un bichofeo, aunque la maestra dice que se llama benteveo. A mí me gusta escucharlo cantar, ahí parado en la punta del pararrayos. Mi papá me dijo que cuando canta dice "bicho feo". Yo creo que no dice nada; los pajaritos no hablan.
En la primavera las chicas salen a la calle en minifalda. López, el que es un año más grande porque repitió, siempre las sigue y dice que les va a tocar el c... También sube la escalera atrás de la maestra del Jardín, mirando para arriba. Antes no sabía qué les veía, pero ahora me está empezando a agarrar curiosidad. Yo también voy a ver si les puedo tocar el c con tres puntitos. ¿Será por eso que mi papá me sacó de la pieza de mis hermanas hace dos años? Una vez Iglesias trajo fotos de mujeres desnudas, pero a mí no me las mostró. Donoso dice que hay una en el diccionario, en la palabra venus. Debe ser en el diccionario de él; en el mío está la foto de un planeta. Hay un maestro que en la primavera viene muy prolijito y perfumado, como Castaño, y que también anda atrás de la maestra del Jardín. Pero me parece que no es como López.
En la primavera a veces vamos a pasear con todo el grado. El año pasado hubo un concurso de manchas en la Plaza Flores. (Los carteles dicen Plaza Pueyrredón.) La limonera nos llevó. No, no, perdón, perdí la goma y no se puede tachar. Bueno, la maestra de dibujo nos llevó. No me acuerdo quién ganó el concurso. Debe haber sido un chico de otra escuela, uno de esos pitucos que fueron con caballetes. A veces vamos a pasear más lejos y nos llevan en el micro del padre de Barcan. Es un micro muy grande que tiene muchos más asientos que los colectivos y nunca hay que ir parado.
Según vi en los libros, hay muchas Primaveras: Primavera de la Patria, Primavera de la familia, Primavera de Praga (¿Qué será Praga? Después lo busco en el diccionario de Donoso, a ver si hay una foto), Primavera de Vivaldi (es música, esta la sé), y está Vera, la prima de un chico de segundo grado que a veces viene a buscarlo a la salida. Es linda la prima Vera. Y está la primavera de la vida, que es donde yo estoy. ¿Cuánto me durará?
Ricardito

Quizá este blog no sea para usted.

En la Biblioteca de Papeles Perdidos, sólo hay escritos que se han perdido en el barrio de Flores, Ciudad de Buenos Aires, mayormente en las décadas de 1960 y 1970. Si usted no estaba allí en esa época, es muy probable que no entienda un joraca y se aburra soberanamente. Le pido disculpas, pero yo he juntado estos papeles perdidos para quienes vivimos nuestra infancia allí y en ese entonces. Muchos de los escritos son imposturas obvias, pero de todos modos son un espejo que atrasa, un lugar donde algunos nos miramos y vemos algo de lo que éramos. Algunos son espejos deformantes, otros reflejan sólo fantasías. Si usted entiende algo de lo que lea aquí, deje su comentario. Casi seguro fuimos a la misma escuela, aunque no haya sido la misma.