Hoy publicamos un escrito más moderno: un pequeño ensayo escrito por un adolescente en 2001. Por supuesto, fue encontrado en los estantes de la Biblioteca de Papeles Perdidos.
22 de mayo de 2001
Ensayo:
La Revolución de Mayo
La Revolución de Mayo instauró el primer gobierno patrio, hace ya casi dos siglos. Nadie sabe si en aquel entonces ya existía la Patria, pero ya había patriotas; y los patriotas querían sacar al virrey y poner un gobernante propio que les fuera adicto. Como ahora, ¡bah!Todo empezó cuando la fragata Canning, que ahora se llama Scalabrini Ortiz, trajo desde Europa la noticia de que Napoleón había depuesto a Fernando VII, rey de España. Si ya no había rey en España, el virrey no era el "vice" de nadie; era como tener en la escuela un vicedirector sin que hubiese un director. Los patriotas vieron la oportunidad de tener el primer gobierno propio, desplazando a las autoridades impuestas por los españoles y que ya no tenían respaldo. El descontento popular hacia el virrey creció, y el 25 de mayo a la mañana se juntó un montón de gente frente al Cabildo, en la plaza que ahora se llama de Mayo, pero que en ese momento se llamaba Mayor porque la Revolución de Mayo todavía no estaba hecha. (Dicen que la esposa del presidente anterior, la Zulema, quiso ponerle el nombre en vesre, "Plaza de Yoma", pero el dorima no la dejó.) En el medio de la multitud había dos patriotas, Morelli y Berrutti..., no, no, esos eran los de "Función Privada". Ya sé; ya me acordé. French y Berutti repartieron cintas celestes y blancas para que la gente se las ponga en la solapa. Parece que en ese tiempo las escarapelas eran gratis, no como ahora que hay que comprarlas en la librería. El investigador Leónidas Doon dice que French y Berutti repartieron escuditos de Racing, pero no le creo: si querían voltear al "Virrey", seguro que eran dos barrabravas de Boca.
No hay ninguna foto de los hechos pero, según algunos cuadros pintados al óleo, llovía, y la multitud tenía los paraguas abiertos. Algunos historiadores dicen que eso es falso, porque el paraguas aún no estaba inventado. Otros dicen que sí, y que a los paraguas los repartieron gratuitamente unas promotoras que cantaban:
Si su paraguas no es Aguamar
no es impermeable, ya lo verá.
De todos modos, con o sin paraguas, estamos seguros de que llovía, porque se conserva un diario del 24 de mayo de 1810 donde el pronóstico meteorológico anuncia sol radiante para el día siguiente.
Cuando la plaza ya estaba llena, un grupo de patriotas, o un grupo de patotas, no se sabe, comenzó a cantar: ¡El que no salta es un español! ¡El que no salta es un español! El cantito prendió y, por supuesto, nadie se atrevió a quedarse sin saltar. Como la Plaza Mayor era de tierra y estaba lloviendo, se armó un barrial de aquellos. Los más salpicados fueron los miembros de la prestigiosa familia Navarro, vecinos de la villa de San José de Flores. Desde ese día se los conoce como los "Navarro Barros". De todos modos, el lodazal quedó tan bien pisado, que con el barro se fabricaron los ladrillos con los que se construyó la primera Escuela de Varones en la mencionada villa de San José de Flores. Este hecho, que ensució con lodo las ropas de todos los presentes, suele silenciarse, ya que los patriotas tenían fama de ser muy prolijos y limpitos. Eran tan limpios que se reunían en la Jabonería de Vieytes. Algunos historiadores sostienen que no se reunían en lo de Vieytes, sino que sencillamente vivían allí porque estaban todos locos, pero esto es dudoso. La Jabonería de Vieytes fue el lugar desde donde partieron French y Berutti, el 25 de mayo, cargados con las cintitas. Como ya dije, eran gente muy prolija, y habían ido allí a lavar su provisión de divisas celestes y blancas con el jabón de Don Hipólito. El primer lavado de divisas de nuestra historia se realizó, pues, antes aún de tener un gobierno propio.
El historiador José María Rosa y Muñoz afirma que en la Plaza Mayor se disputaban partidos de fútbol, usando como arcos, de un lado, el portón del Fuerte, y del otro, la arcada central del Cabildo. El superclásico entre Húsares y Patricios, a jugarse el domingo 27 de mayo, habría sido suspendido a causa del lamentable estado en que quedó el terreno luego del pisadero. De todos modos, el fútbol sólo se hizo popular cuando fue demolida la Recova, ya que ésta dificultaba mucho el tránsito por el mediocampo. Además, los árbitros nunca cobraban los penales en contra de los equipos más poderosos, arguyendo no haberlos visto porque la Pirámide les obstaculizaba la visión. Al igual que estos árbitros, los patriotas habrían sido gente muy distraída. Se dice que el 22 de mayo se fueron a dormir dejando el Cabildo Abierto. Si no fuera por el sereno, se habrían afanado hasta las cucharitas. Pero volvamos a los hechos del 25 de mayo de 1810; si quiere saber más sobre el fútbol en la primera mitad del siglo XIX, vea las notas al final de este texto.
Luego de cansarse de saltar en el barro, el siguiente cantito entonado por la multitud fue el conocido ¡El pueblo quiere saber de que se trata! Pocos lo corearon, quizás debido a la falta de ritmo de esta frase apenas apta para ser cantada, o quizás debido al lamentable dequeísmo que contiene. Pero lo importante es que, 191 años después, la pregunta sigue sin ser respondida. ¿De qué se trata? O, sin dequeísmos: ¿Qué se trata? ¿Eh, presi?
El virrey se llamaba Baltasar Hidalgo de Cisneros, pero no era negro como el rey mago. Empilchaba unos modelitos adornados con oro y plata que reíte de Armani y Versace, y se peinaba como George Harrison en la década de 1960. Finalmente fue destituido y reemplazado por una junta de gobierno. Se la llamó Primera Junta, ignorando que jamás habría una segunda. Estaba formada por nueve vecinos ilustres. Se nota que estaban acomodados, porque todos tenían nombres de calles: Paso, Moreno, Castelli, Matheu, Azcuénaga, Larrea, Alberti y Belgrano, presididos por Cornelio Saavedra. Salieron al balcón del Cabildo a saludar a la multitud, que los recibió al grito de: ¡La vida por Saavedra, la vida por Saavedra! Agrandado ante el fervor popular, Saavedra levantó los brazos y dictó su primer decreto: ¡Mañana es San Cornelio! (En la actualidad, la Asociación de Maridos Argentinos mantiene un pleito ante la Corte Suprema de Justicia reclamando el 26 de mayo como feriado laboral.)
A continuación, Mariano Moreno propuso cantar el himno, pero su propuesta no pudo realizarse. Existen tres posibles explicaciones para este fracaso. La primera es que Saavedra se opuso sólo por llevarle la contra a Moreno. La segunda dice que el Himno Nacional aún no había sido compuesto por Vicente López, aunque ya lo tenía en sus Planes. La tercera afirma que, como la escuela todavía no había sido inventada por Sarmiento, nadie se sabía la letra. Esta última teoría es muy dudosa. Hoy en día sabemos que para que una multitud cante el himno sólo hace falta que dos o tres personas conozcan la letra; los demás meramente tienen que balbucear siguiendo el ritmo y haciendo mímica con los labios. El acto finalizó cuando el primer caudillo político pasó gritando: ¡En los Corrales de Miserere hay vino y empanadas gratis! La multitud salió al galope por la Calle de las Torres luego de apedrear el frente de la pulpería de George Mac Donalds.
A la tarde se realizó la primera reunión de la Junta. En ella, Moreno y Saavedra se pusieron de acuerdo por primera y última vez: Si el pueblo se manifestara descontento con la obra de la Junta, se le echaría la culpa al gobierno anterior, al virrey Cisneros.
Y así empezó nuestra historia. El primer logro de Saavedra fue ampliar el número de miembros de la Junta de Gobierno para tener la mayoría a su favor. Así terminó la Primera Junta y se formó la Junta Automática. Perdón, quiero decir la Junta Grande.
Notas sobre el fútbol en la primera mitad del siglo XIX:
LA RECOVA
Hemos dicho que la Recova, que dividía en dos la Plaza Mayor, única cancha de Buenos Aires, dificultaba el traslado de la pelota por el medio campo. Pero había un jugador en el equipo del "Fortín del Oeste" que era capaz de sacar provecho de esta molesta construcción. Don Benito Preciado de Gambas y Cabeza, tal era su nombre, poseía la habilidad de entrar a la Recova por una de las arcadas de la izquierda y salir al otro lado por una de las arcadas de la derecha, desorientando así a la defensa rival. Esta característica le ganó el apodo de "Fantasma Benito".
Hubo otro deportista que exhibió esta característica: Don Gustavo Jarros Quinoto, jugador del equipo "Ignacia del Plata". Pero pronto se descubrió que hacía trampa. Gustavo ingresaba a la Recova por el lado izquierdo, pero quien salía por el lado derecho era su hermano mellizo, Don Guillermo Jarros Quinoto, que previamente se ocultaba allí junto con una pelota adicional. Cuando las circunstancias del juego lo permitían, Guillermo reingresaba a la Recova y Gustavo volvía a salir por el lado opuesto. La triquiñuela fue descubierta el día que expulsaron a Gustavo por salivar en el suelo. Guillermo consideró que era inútil permanecer más tiempo oculto en la Recova y salió del campo de juego junto con su hermano. El equipo "Ignacia del Plata" fue condenado a pagar una abultada multa y quedó al borde de la quiebra. Para conseguir fondos y zafar de la situación, decidieron cambiar su nombre a "Ignacia Intima por Plata".
Otro problema de la Recova era la "Barra de las Invasiones Inglesas". Dicha barra estaba formada por veteranos de guerra que habían participado de la defensa de Buenos Aires durante la Segunda Invasión. Luego de tomar posición sobre el techo de la Recova, arrojaban aceite hirviendo al paso del árbitro. Durante un partido entre los "Diablos Mazorqueros" y la "Academia de Platón", se probó una posible solución: Un asistente estratégicamente ubicado mantenía bajo observación el techo de la Recova y, cuando había peligro, advertía de ello al árbitro mediante un intercomunicador. El ensayo fracasó, ya que el intercomunicador, máxima tecnología de la época, consistía en dos latas unidas por un piolín, piolín que se enredaba en las piernas de los jugadores.
HALLAZGO ARQUEOLÓGICO
Hace unos años se descubrió un antiguo túnel subterráneo que unía la Manzana de las Luces con las cercanías del Fuerte. Inicialmente se lo consideró un túnel de contrabandistas, pero diversos objetos encontrados en su interior revelaron la verdad. Los arqueólogos encontraron un primitivo inflador de caña, una manito de porcelana roja haciendo los cuernos, restos de una cámara inflable hecha con la vejiga de un guanaco, largas tiras de pergamino a modo de serpentina, y un par de medias con la palabra Potente primorosamente bordada. Con estos hallazgos cobró fuerza la teoría de que el túnel en realidad unía la Plaza Mayor con los vestuarios ubicados en los sótanos de la Iglesia de San Ignacio. Que los vestuarios estuviesen ubicados debajo de un templo fue cuestionado y tildado de ilógico. Sin embargo, su utilidad práctica se hace evidente si se piensa en el equipo perdedor. Los derrotados de turno, luego de bañarse, sólo tenían que subir una corta escalera para ir a llorar a la iglesia. Los vencedores también podían sacar provecho, usufructuando la excelente acústica de San Ignacio para dar conferencias de prensa desde los púlpitos.
Digresión: Se dice que en el sótano de al lado había un orificio en la pared que permitía atisbar el interior de los vestuarios. Las damas de sociedad se habrían reunido allí en más de una oportunidad para observar en secreto a "Zanahoria" Mc Allister, un futbolista irlandés apodado así por el tamañ... ¡por el color del pelo!
ALGUNOS FUTBOLISTAS
Muy pocos datos quedan acerca de los futbolistas de aquellos días. Se sabe que los equipos tenían 12 jugadores cada uno. El más célebre y habilidoso -Armando La Madonna- jugaba con el número 12. Cuando se retiró de la práctica activa, en homenaje a su trayectoria, y para resaltar su carácter de único, se prohibió el uso del número 12. Los equipos empezaron a jugar con 11, costumbre que sigue hasta hoy. (La única excepción es el River de las décadas de 1960 y 1970, que jugaba con Más de 11.)
Giusseppe Troncoso, oriundo de Palermo, Sicilia, se hizo famoso por mandar la pelota adentro del Fuerte haciéndola pasar por encima de la muralla. Hizo lo mismo tres veces en un partido al ejecutar sendos penales. Entró al Libro Quilmes de los Records, y desde entonces se lo conoció como "Fortín Palermo".
Don Adrián Paenza, marcador de punta izquierdo de "Los Pitagóricos", no lucía por su juego, pero era muy notorio por el número de su casaca: 3,1415926.
El Gral. José María Paz jugaba como líbero en Tiro Unitario, un equipo provinciano de Santa Fe. Tiro Unitario nunca fue vencido por equipos de la Ciudad de Buenos Aires, pues los porteños jamás pasaban más allá del Gral. Paz.
Como las metas no eran arcos sino los portones del fuerte y del Cabildo, a los arqueros se los llamaba porteros. El mejor portero de la vieja escuela era Manuel Dorrego. Mantuvo su portón invicto durante tres años, hasta que el centreforward Juan Lavalle agarró de volea un centro a baja altura y pateó a quemarropa con alma y vida. Lo fusiló.
LA REGLA DEL OFF-SIDE
En los comienzos del fútbol en estos pagos, la ley del off-side no existía. Se la instauró ca. 1808. El primer off-side en la Plaza Mayor se lo cobraron a Don Pedro de Mendoza, quien recibió así el título de Primer Adelantado del Río de la Plata. La puesta en vigencia de esta norma, la ley del off-side, rápidamente obligó a auxiliar la tarea del árbitro dotándolo de dos ayudantes que, ubicados a los costados del terreno, pudiesen apreciar mejor la posición de los futbolistas. En Chile se ensayó durante un tiempo un raro artilugio. Usando un arado se trazaron surcos rectos en el terreno de juego, paralelos a la línea de fondo y equidistantes un metro entre sí. Esta suerte de "renglones", o primitivo "Telebeam", permitía distinguir muy fácilmente si un delantero estaba o no en off-side, pero en una cancha llena de surcos cada tiro de rastrón y cada pique era una lotería impredecible. Los "Granaderos de Carballo", en su gira sudamericana, disputaron un encuentro en uno de estos campos chilenos con "rayas". Claramente perjudicados por la trayectoria errática de la pelota, fueron vencidos en lo que ha pasado a la historia como la Derrota de Cancha Rayada.
COMENTARISTAS
Sin radio y sin televisión, no había relatores deportivos y sólo dos o tres periodistas. Por el contrario, había varias decenas de comentaristas, que hallaban el ámbito propicio para ejercer su afición en las proverbiales tertulias de Buenos Aires. Generalmente, el fútbol era considerado un tema de conversación menor, pero no en las famosas tertulias de Mariquita Sánchez de Thompson, hermana del árbitro Ángel Sánchez Sigasiga. En los salones de Doña Mariquita descollaban los mejores comentaristas: el marqués de Macaya, Inodoro Walter Clos, Dante Panzeri Yaniello ( o Aiello), y el portugués Fernando Membro Flácido. El Gral. José de San Martín, hijo de la gorda Matorras, era asiduo asistente a esta tertulia. Era hincha de Talleres de Remedios de Escalada y apreciaba en grado sumo la labor de los comentaristas. Las tácticas de combate que el padre de la patria aplicó en Chacabuco y Maipú estaban basadas en los análisis posicionales del marqués de Macaya. Otro militar influenciado por los comentaristas de fútbol fue el Gral. Manuel Belgrano, quien atribuyó las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma a que en el Alto Perú los cañonazos no doblan.
SOBRE "FAIR PLAY" Y LAS SANCIONES
El fútbol no era el deporte más popular. La mayoría de la gente prefería el pato, deporte que tenía dos ventajas: a) La pelota se podía comer. b) Los que tenían que correr eran los caballos. En el fútbol no había campeonatos, ni torneos, ni copas. El propósito de un partido no era otro mas que triunfar en ese partido. No había lugar para especulaciones del tipo "Ya salimos campeones. No perdemos nada si nos dejamos ganar en el último partido, pero ellos se salvan del descenso y el año que viene nos deberán un favor." o "Si ganamos nosotros, clasificamos y los dejamos afuera a ustedes. Si ganan ustedes, nos dejan afuera a nosotros. Si empatamos, clasificamos los dos. ¿Firmamos el 0 a 0 antes de salir al terreno?"Se jugaba de igual a igual y muy derechamente. La caballerosidad era casi un instinto, una reacción automática. Aprovechando esto, uno de los recursos que tenían los wings era pedir permiso. Si sus marcadores estaban distraídos, lo más probable era que los dejaran pasar haciendo una breve reverencia.
Sin demérito para la caballerosidad, el fervor del juego a veces llevaba a los futbolistas a emitir imprecaciones, aunque siempre en voz muy baja. Tan bajo era el tono de voz, que tenemos noticias de ésto sólo gracias al sordo Toscanini, que vendía ballenitas en la Recova y nunca pudo ser desalojado. El sordo Toscanini, experto en lectura de labios, paradójicamente era el único que "escuchaba". Anotó cuatro frases predilectas: a) ¡La roncha de tu sable! b) ¡La gran fruta que se partió! c) ¡Más fruta será tu banana! d) ¡Higo de mil grutas! Toscanini advierte que los signos de exclamación de las frases precedentes son una conjetura suya, ya que no pueden apreciarse en una lectura de labios.
Casi no había expulsiones. Cuando tomaban esta extrema decisión, los árbitros señalaban al sancionado con una tarjeta celeste, ya que al Restaurador le caía muy mal que se usase la divisa punzó para este propósito. No existía un tribunal de disciplina. Los expulsados debían pasar por la Catedral y confesar sus infracciones ante el obispo Castrilli. Las sanciones variaron desde los 5 padrenuestros que recibió el wing inglés William Chéspir por hacer teatro, hasta los 500 rosarios que le sacudieron a Don Lope de Aguirre y Suárez por salir a jugar con espuelas. Generalmente los sancionados aceptaban sus castigos sin chistar. Se tienen noticias de sólo un acto de rebeldía. Don Reynaldo de Merlo y Mostacilla, que recibió una sanción de 50 avemarías por patear una gallina que se introdujo en el campo de juego, apeló ante la Santa Sede alegando que el infortunado bípedo carecía de alma y libre albedrío, por lo que patearlo no constituía una falta. Extraña esta actitud de Don Reynaldo, que era un reconocido filósofo. (Se conserva una estatua suya en la Academia de Platón.) También fue consejero y asistente de Juan José Paso. Es famosa su frase abriendo camino para el secretario de la Primera Junta: -¡Ábranle paso a Paso!
LAS HINCHADAS
Salvo la mencionada Barra de las Invasiones Inglesas, las hinchadas eran muy pacíficas. Se limitaban a cantar para alentar a sus preferidos. Sus cánticos seguían el ritmo de la música dominante en la época, el minué, lo que obligaba a que las letras fuesen muy galantes. No obstante, el surgimiento de futbolistas con nombres tales como Juan de Ayolas, Pedro de Albacete, José María Angulo o Gabriel Tomás Cicuta, del árbitro Arturo Ytuzadre y del equipo Defensores del Aconquija, propició la aparición de rimas chuscas, provocadoras y maldicientes. Sin embargo, la sangre no llegó al río, a pesar de que al río lo tenían ahí nomás, al otro lado del Fuerte. La policía actuó sólo una vez entre los espectadores de un partido de fútbol, y fue para capturar al adolescente Jaimito Serratea que había escapado de los dormitorios del Colegio San Carlos.
El primer enfrentamiento violento entre hinchadas rivales surgió a raíz de una equivocación. El comandante del Fuerte de la Banda, Don Álvar Núñez Cabeza de Chorlito, observó que entre sus subordinados había algunos aficionados habilidosos, como Alonso Granbeto, Don Oscar Más de la Cuenta, y un exquisito jugador mexicano de fina gambeta del que sólo nos ha llegado su apodo: "Chamaco Rodríguez". Ni corto ni perezoso, don Álvar creó un nuevo equipo: "Los Gallos de Núñez". Para su primera presentación en la Plaza Mayor, salieron de su fuerte ubicado en Quilmes, y se encaminaron hacia la ribera sur del Riachuelo. En la ribera norte estaba el fuerte comandado por el abuelo de Julio A. Roca, Don Junio Roca. Este fuerte también tenía su equipo: "Roca Junios". Los centinelas apostados en los mangrullos observaron la llegada de los Gallos de Núñez ataviados con plumas y los confundieron con una avanzada del cacique Coliqueo. Creyéndolo su deber, los partidarios de Roca Junios tomaron las armas y cruzaron el Riachuelo dispuestos a repeler la incursión. Se desconoce el resultado final de la escaramuza subsiguiente.
LA DURACIÓN DEL PARTIDO
La única forma de medir el tiempo de juego eran las campanadas de la cercana Iglesia del Santísimo Rosario, que sonaban cada hora. Por este motivo, se jugaban dos tiempos de 60 minutos exactos, sin descuentos. El intervalo también duraba una hora. Debido al uso futbolístico de su campanario, el templo del Santísimo Rosario es popularmente conocido como "Santo Domingo".
Este campanario fue protagonista de un hecho violento que marcó el fin del "fair play" y el comienzo del fútbol como lo conocemos hoy en día. Sucedió que el equipo de Chacrita de los Colegiales, luego de ir perdiendo por 3 a 0, había remontado el marcador y estaba empatando 3 a 3 con Atlántida. Su claro predominio en el juego podía llevarlo al triunfo, pero casi no quedaba tiempo para hacer otro gol. La hinchada de Chacrita, entonces, atacó la torre de Santo Domingo a cañonazos para impedir que sonase la inexorable campanada final. En la actualidad todavía pueden verse las balas de cañón incrustadas en el campanario.
MEDIDA ABSURDA
El Director Supremo, Julio Grondona Ávila, prohibió la difusión pública del resultado del partido antes de la medianoche del domingo. Se hizo habitual entonces que los serenos vocearan frases tales como: Las 12 han dado y Tiro Unitario le ganó a Convento de San Lorenzo por 2 a 0.
DATOS CURIOSOS
Los jugadores no cambiaban de equipo. Fue imposible comprarlos o venderlos desde que la Asamblea del año XIII abolió la esclavitud.
Durante el gobierno de Viamonte, un portero maravilla atajó un penal sentado en una...
Lector: -¡Basta, plis! ¡La hora, referí!
Autor: -Muy bien, de acuerdo Sr. Lector. La corto acá.
Iván Armando Lío
9º EGB
